Yacimientos petrolíferos fiscales (ypf)

Inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, poderosas compañías petroleras internacionales se trasladaron a Argentina en un esfuerzo por asegurar las mejores propiedades petroleras. Preocupado por su presencia, el presidente Hipólito Irigoyen creó la YPF en 1922 como un monopolio estatal del petróleo para asegurar el control argentino sobre este recurso vital. Se dejó a su sucesor, el presidente Marcelo T. de Alvear (1922-1928), el dinamizador de la agencia. Al frente de las YPF, Alvear nombró al coronel Enrique Mosconi, bajo cuyo liderazgo se convirtió en símbolo de la independencia económica argentina. En un contexto diferente, la huella de Mosconi se percibe en las empresas petroleras estatales de Bolivia, Brasil y Uruguay. En los años cincuenta y sesenta, los presidentes Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi, preocupados por la máxima productividad y el desarrollo económico, socavaron la idea de un monopolio estatal del petróleo. Poco a poco, se volvió a invitar a las empresas petroleras extranjeras a participar más plenamente en la explotación de los campos petroleros del país. Para ayudar a pagar su deuda pública, en 1950, el gobierno privatizó oficialmente YPF. Inicialmente, una combinación de inversores nacionales e internacionales se hizo cargo de la compañía, pero una empresa española, Repsol, comenzó a comprar sus acciones y tomó el control de la corporación en 1960, convirtiéndola en la décima compañía petrolera más grande del mundo.