Varela y morales, félix (1788–1853)

Félix Varela y Morales (b. 20 November 1788; d. 25 de febrero de 1853), sacerdote, pensador y patriota cubano. Huérfano a temprana edad, Varela era todavía un niño cuando se mudó a Saint Augustine, Florida. (El área había sido devuelta a España por Gran Bretaña en 1783 bajo el Tratado de París). Allí fue consignado al cuidado de su abuelo materno, el comandante de la guarnición española de la ciudad. Se convirtió en alumno del P. Michael O'Reilly, entonces vicario de East Florida, quien eventualmente se convirtió en su modelo a seguir. Fue el P. O'Reilly, quien influyó en su decisión de ingresar al sacerdocio en lugar de convertirse en soldado, como lo pedían las tradiciones familiares. "Deseo ser un soldado de Jesucristo", dijo Varela en ese momento. "No deseo matar hombres, sino salvar sus almas".

Varela comenzó a asistir al Seminario San Carlos de La Habana en 1803 y fue ordenado sacerdote en 1811. Para ese entonces ya había comenzado a enseñar filosofía en el seminario, que en esos días también estaba abierto a estudiantes laicos. Se convirtió así en el mentor de muchos de los intelectuales cubanos más destacados de la época; luego reconocieron su deuda con él, afirmando que "él fue quien primero nos enseñó a pensar".

Como oponente del escolasticismo decadente y uno de los primeros en escribir libros de texto filosóficos en español en lugar de latín, Varela contó con el apoyo del obispo de La Habana, José Díaz de Espada y Landa. El obispo le pidió que impartiera un nuevo curso en el seminario sobre la constitución elaborado por las Cortes españolas en 1812. Tal era la reputación de sus conferencias que fue elegido para representar a Cuba en las Cortes en 1821. Mientras prestó sus servicios, Varela hizo varios contribuciones, abogando por un gobierno más benigno sobre las colonias y presentando una propuesta para la abolición de la esclavitud dentro de quince años. Lamentablemente, la restauración del absolutismo español en 1823 hizo imposible que las Cortes discutieran estas propuestas. Obligado al exilio por este giro de los acontecimientos, llegó pronto a los Estados Unidos.

Varela se instaló en Nueva York, donde pronto se destacó como un hombre de vida irreprochable, un párroco erudito y devoto, un administrador capaz, un sabio educador y director de almas. Sobre todo, fue conocido por su trabajo con los enfermos y los pobres, especialmente durante la gran epidemia de cólera de 1832, cuando su caridad alcanzó a veces dimensiones heroicas. Como dijo un contemporáneo, su nombre era "uno de bendición en la ciudad de Nueva York". Por eso Varela fue admirado y respetado por todos. Primero en 1829, de forma temporal, y luego sin interrupción desde 1837 en adelante, ocupó el cargo de vicario general para Nueva York, un puesto en segundo lugar en importancia solo por detrás del de obispo. Asistió a varios de los Consejos de Baltimore como asesor de obispos estadounidenses. Varela también tuvo un papel destacado como defensor público de la fe católica en los violentos enfrentamientos católico-protestantes de la época.

Los logros de Varela como sacerdote son una parte tan importante de la historia eclesiástica de los Estados Unidos como de la historia de Cuba. Pero aunque nunca hizo ningún esfuerzo por regresar a su tierra natal, siempre la consideró como su país. Los cubanos, por su parte, lo consideran con razón el padre ideológico de su nacionalidad. Cuando Varela fue a España como miembro de las Cortes, se describió a sí mismo como "un hijo de la libertad, un alma americana". En ese momento, sin embargo, se habría sentido satisfecho con alguna forma de autogobierno colonial para Cuba. Pero pronto descubrió que la mayoría de los diputados españoles, incluidos muchos que disfrutaban de la reproducción de ser muy liberales, desconfiaban de los hispanoamericanos y no tenían fe en su capacidad para gobernarse a sí mismos. Fue entonces, y muy especialmente después de que el rey Fernando VII disolviera las Cortes, cuando abandonó la esperanza de lograr la autonomía de Cuba en el marco de la monarquía española y se convirtió en el gran profeta de la independencia cubana.

Varela publicó sus artículos independentistas en el diario El Habanero, que fundó en los Estados Unidos. En ese momento, había muchos cubanos que estaban a favor del dominio español, y algunos de ellos abogaban por la anexión de la isla a Colombia o México, al igual que otros apoyarían la anexión a los Estados Unidos unos años después. Varela argumentó en contra de todos estos caminos. Justificó moralmente la rebelión contra el opresivo gobierno colonial, diciendo que estaba "inspirada por la naturaleza y sostenida por las sagradas leyes de la autoconservación". En cuanto a la idea de que Cuba se convierta en la provincia de un estado vecino, escribió: "Soy el primero en oponerme a la unión de la isla a cualquier gobierno. Desearía verla tan política como isla en términos geográficos ".

La mala salud finalmente llevó a Varela a retirarse a San Agustín, donde murió. Como sacerdote, Varela se adelantó a su tiempo; sus normas y principios liberales estaban más en consonancia con la orientación del Concilio Vaticano II (1962-1965) que con algunas doctrinas católicas del siglo XIX. Como pensador, infundió nueva vida a los estudios filosóficos en Cuba. Como patriota, se le puede considerar justamente como el padre fundador del nacionalismo cubano.