Salinas de gortari, carlos (1948–)

Como presidente de México de 1988 a 1994, Carlos Salinas se estableció como una figura importante en la historia presidencial mexicana contemporánea. Nació el 3 de abril de 1948 en la Ciudad de México, hijo de Raúl Salinas Lozano, ex secretario de gabinete, y Margarita de Gortari Carvajal, profesora. Salinas estudió en escuelas públicas de la Ciudad de México, completando su trabajo preuniversitario en la Escuela Nacional Preparatoria No. 1, donde participó activamente en la política estudiantil. Estudió economía en la Universidad Nacional (1966-1969) con una importante generación de futuros políticos, estudió con Miguel de la Madrid y volvió a participar en la política estudiantil. Después de graduarse en 1971, obtuvo tres títulos de Harvard: dos títulos de maestría en administración pública (1973) y economía política (1976) y un doctorado en economía política y gobierno (1978). Entre sus profesores estaban Otto Eckstein y Karl Deutsch. En 1966 inició su carrera política en el PRI (Partido Revolucionario Institucional) con Gonzalo Martínez Corbalá, pero rápidamente ingresó al sector financiero público al finalizar su primera maestría. Después de ocupar varios puestos en la década de 1970, incluido el Departamento de Estudios Financieros y Asuntos Internacionales de la Secretaría de Hacienda, fuente de muchos de sus futuros colaboradores, Salinas se convirtió en director general de política social y económica de De la Madrid en la Secretaría de Planificación. y Elaboración de presupuestos (1979-1981). Cuando de la Madrid fue seleccionado como candidato presidencial del PRI, le pidió a Salinas que se desempeñara como director del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI durante la campaña de 1981-1982. También se desempeñó como secretario de presupuesto y planificación de De la Madrid, siguiendo los pasos de su mentor, hasta su propia designación como candidato del PRI a la presidencia en 1987.

Elegido en la campaña presidencial más disputada desde la formación del PRI en 1929, Salinas asumió el cargo con apenas una mayoría simple de los votos registrados oficialmente, la cifra más baja en una campaña presidencial exitosa. Con poca legitimidad, fuera o dentro de su propio partido, se hizo cargo de la presidencia de manera dinámica y decidida. El principal leitmotiv de su ideología fue la liberalización económica y la modernización política. Sobre la base del legado de su predecesor de la Madrid, Salinas buscó diseñar una reversión del creciente papel del estado en la vida económica mexicana. Su administración vendió cientos de empresas estatales, permitió a las empresas norteamericanas participar en la exploración de petróleo por primera vez desde 1938, desnacionalizó significativamente la industria bancaria y abogó por el establecimiento de un bloque regional de libre comercio entre México, Estados Unidos. Estados Unidos y Canadá, lo que reduce significativamente muchas de las barreras comerciales tradicionales de México. Continuó renegociando la deuda, manteniendo los pagos, e implementó políticas para atraer grandes cantidades de capital extranjero. Si bien esas políticas contribuyeron al crecimiento económico a partir de fines de la década de 1990, en 2007 aún no habían logrado traer beneficios económicos a la mayoría de los miembros de las clases trabajadoras y medias bajas, que vieron cómo su nivel de vida declinaba marcadamente después de 1980.

Las promesas de modernización política de Salinas no se cumplieron. Aunque se implementaron algunas reformas estructurales durante la convención del PRI de 1990, y el gobierno legisló con éxito la reforma política a través del Congreso en 1989, las elecciones se caracterizaron por un exceso de fraude y violencia política. El gobierno siguió una estrategia política de cooptación de la derecha tradicional, representada por el Partido Acción Nacional (PAN), e implementar una política represiva e intransigente hacia la nueva centro izquierda, representada por Cuauhtémoc Cárdenas y el Partido Revolucionario Democrático (PRD). Esta estrategia se reflejó en las elecciones estatales y locales de 1989 y 1990, en las que el Partido Acción Nacional ganó su primera carrera para gobernador desde 1929, pero en las que al PRD le fue mal en todas las contiendas. Este fracaso de la reforma política fue un factor en el repentino surgimiento de un movimiento campesino revolucionario (el Ejército Zapatista de Liberación Nacional) en Chiapas a principios de 1994. Ese levantamiento, junto con una serie de asesinatos políticos (incluido el de la presidencia del PRI). candidato, Luis Donaldo Colosio), dominó el convulso cierre de la administración de Salinas. Cuando se produjo el colapso económico en diciembre de 1994 y el propio hermano de Salinas, Raúl, estuvo implicado en uno de los asesinatos, Carlos Salinas se fue de México con su reputación en considerable desorden. Su ambición de convertirse en un actor importante en la comunidad internacional fue destruida. Vivió en Irlanda durante la administración de Ernesto Zedillo y regresó a México después de que Vicente Fox asumiera la presidencia. Salinas comenzó a ser activo tras bambalinas en la política del PRI, pero una imagen negativa ampliamente difundida en los medios y entre la ciudadanía le impidió ejercer el papel de estadista como ex presidente.

Salinas también adoptó una política controvertida hacia la Iglesia Católica, nombrando a un representante oficial ante el Vaticano, consultando a la jerarquía sobre numerosos asuntos, invitando al clero a su toma de posesión y dando la bienvenida al Papa Juan Pablo II a México en 1990. Organizaciones de derechos humanos, incluida Americas Watch y Amnistía Internacional, criticó duramente a su administración por el aumento de violaciones y abusos de derechos humanos. En respuesta, el gobierno estableció una nueva Comisión de Derechos Humanos en el verano de 1990, reforzando las actividades de los grupos no gubernamentales de derechos humanos. En otros frentes bilaterales, especialmente en la erradicación de drogas, Salinas aumentó la cooperación con Estados Unidos y adoptó un enfoque severo hacia este problema dentro de México.

La división de la presidencia de Salinas demostró tener efectos duraderos en la viabilidad del PRI. Su designación como presidente y las políticas económicas que representó ayudaron a provocar la división dentro del PRI en la que Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo lanzaron la organización para formar su propio movimiento político en apoyo de reformas políticas y políticas económicas más populistas. Otro grupo de reformadores, autodenominados "Corriente Crítica", permaneció dentro del partido, adoptando una nueva estructura en 1990, con la esperanza de ejercer más presión a favor de las reformas internas. El fracaso de Salinas para descentralizar y permitir una mayor pluralización política contribuyó a nuevas divisiones dentro de su propio partido y al crecimiento de la oposición política en México, que culminó con la victoria electoral presidencial del Partido Acción Nacional en 2000.