Revolución de 1933

La revolución de 1933 fue el resultado de la violenta oposición del pueblo cubano al intento del presidente Gerardo Machado de perpetuarse en el poder en 1928. La disidencia política se vio agravada por la miseria generalizada causada por el colapso económico de 1929 y por el hecho de que la década de 1920 fueron para Cuba, como para el resto de América Latina, un período de inquietud y transformación. En la isla apareció un nuevo y más radical tipo de nacionalismo; los estudiantes y los sindicatos emergentes se comprometieron a promover la creación de un nuevo y diferente tipo de sociedad; y surgieron nuevas organizaciones políticas de izquierda para defender los derechos de las masas. Fue la acción concurrente de estas fuerzas la que transformó la protesta anti-Machado en un levantamiento revolucionario.

De 1930 a 1933 Cuba se vio atrapada entre las tácticas violentas de la oposición, encabezada por el Directorio Estudiantil Revolucionario y una organización secreta conocida como ABC, y la brutal represión del gobierno, apoyado por el ejército. La lucha parecía haber llegado a un punto muerto cuando el presidente Franklin D. Roosevelt, quien necesitaba estabilidad política en Cuba para implementar su política cubana del New Deal, envió a su asistente de confianza Sumner Welles a La Habana para buscar una solución pacífica a los disturbios. Al principio, Welles actuó como mediador, pero posteriormente presionó a Machado para que hiciera concesiones, alentó a la oposición y socavó la lealtad del ejército al presidente. Machado estaba tratando desesperadamente de hacer frente a la presión de Welles cuando, en agosto de 1933, una huelga general paralizó la nación. Por temor a una intervención estadounidense, el ejército se movió contra Machado, que huyó de la isla.

Después del golpe, el primero en la historia de Cuba, Welles se movió para llenar el vacío político resultante con un gobierno provisional organizado apresuradamente apoyado por la ABC y la mayoría de la oposición. Pero el nuevo gobierno demostró ser incapaz de hacer frente a la situación. En septiembre, la Dirección de Estudiantes (que había rechazado los buenos oficios de Welles) y otros elementos convirtieron un motín de sargentos del ejército liderado por Fulgencio Batista en una triunfante toma revolucionaria. Los oficiales fueron retirados del ejército y reemplazados por sargentos, y el gobierno provisional fue suplantado sin ceremonias por una nueva dirección encabezada por Ramón Grau San Martín, médico y profesor de la Universidad de La Habana.

Durante cuatro meses, los revolucionarios lucharon por impulsar un programa radical y ambicioso de reformas sociales y profundamente nacionalistas. Pero Welles pensó que el suyo era un gobierno "francamente comunista" y, en consecuencia, Washington lo enfrentó con una severa política de no reconocimiento. Esto fue mucho más de lo que Grau San Martín y sus colegas pudieron soportar, especialmente después de que Batista, que era menos radical y más pro estadounidense que los estudiantes, retiró astutamente su apoyo al gobierno. El 15 de enero de 1934, Grau San Martín dimitió como presidente, poniendo así fin a la fase radical de la revolución.

Aunque los elementos más avanzados no permanecieron en el poder por mucho tiempo, la revolución de 1933 marcó un punto de inflexión en la evolución de la Cuba del siglo XX. Le dio nueva vida al nacionalismo cubano, ayudó a restringir la influencia de Estados Unidos en los asuntos cubanos y abrió el camino para la promulgación de una legislación social nueva y progresista. La mayoría de las tendencias que inició resultaron irreversibles, y muchas de ellas quedaron reflejadas y sancionadas en la Constitución cubana de 1940. En muchos sentidos, el tipo de sociedad que existía en Cuba en 1958 surgió de la revolución.