Organizaciones indígenas

Las organizaciones indígenas en América Latina emergieron como actores políticos clave durante el último cuarto del siglo XX. El surgimiento de estas organizaciones alimentó y resultó de las políticas de identidad que se han vuelto cada vez más frecuentes en América Latina. Estas organizaciones representan una población que ha sufrido una historia de exclusión y que en general es más pobre que el promedio de América Latina. Las organizaciones de base indígenas se han movilizado para obtener el reconocimiento político de los derechos culturales y el acceso a la tierra y los recursos económicos.

Las constituciones de muchos de los principales países de América Latina, incluidos Bolivia, Brasil, Perú y Colombia, se reescribieron a principios de la década de 1990 para incluir los derechos culturales indígenas, lo que refleja los diversos grados de éxito de las organizaciones indígenas en la movilización política. La fuerza política y el impacto de estas organizaciones en cada país latinoamericano no estaban necesariamente relacionados con la presencia demográfica relativa del grupo indígena. En Perú, donde la población indígena representa el 40 por ciento de la población total, las organizaciones indígenas han tenido un impacto mínimo en la obtención de reconocimiento político y mayor acceso a la riqueza económica para su pueblo. En contraste, en Colombia, donde la población indígena representa solo el 2 por ciento de la población total, organizaciones indígenas como el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC; Consejo Regional Indígena del Cauca) fueron fundamentales para presionar al gobierno nacional para que otorgara cerca de 25 por ciento del territorio nacional a comunidades indígenas.

En su mayor parte, las organizaciones indígenas latinoamericanas surgieron de una movilización de clase en la década de 1970. En una segunda etapa, las comunidades indígenas se movilizaron por origen geográfico y ecológico (tierras bajas versus tierras altas) o por región política. Por ejemplo, en Bolivia, la Confederación de Pueblos Indígenas de las tierras bajas de Bolivia (CIDOB) organizó comunidades indígenas de las tierras bajas a principios de la década de 1980. Una tercera etapa usualmente consistía en que las organizaciones indígenas adquirieran influencia nacional uniéndose a otras organizaciones indígenas y transformándose en una organización nacional. Las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y varias organizaciones no gubernamentales (ONG) también jugaron un papel crucial en dar a las organizaciones indígenas una mayor legitimidad política en las últimas décadas. Sin duda, las organizaciones indígenas evolucionarán, reflejando las demandas cambiantes de las comunidades indígenas, pero ahora son una parte integral del panorama político latinoamericano.