Nacionalización bancaria

El caso más significativo en la historia moderna de nacionalización o expropiación de bancos privados por parte de un gobierno latinoamericano tuvo lugar el 1 de septiembre de 1982, en México, cuando el presidente mexicano José López Portillo emitió un decreto mediante el cual los bancos comerciales privados mexicanos fueron nacionalizados. La nacionalización o expropiación de la banca comercial privada mexicana ha sido una de las apropiaciones bancarias de mayor envergadura en la historia moderna y fue un hecho inédito con importantes consecuencias para la economía mexicana.

La nacionalización bancaria en México fue precedida por el estallido de la crisis de la deuda en América Latina en agosto de 1982. En este contexto, los argumentos para apoderarse de los bancos fueron implementar un control del tipo de cambio y poner fin a la salida de fondos del país. país a naciones extranjeras. Sin embargo, las causas subyacentes difieren de las defendidas oficialmente. Anteriormente se había producido una ruptura política entre el gobierno y los banqueros. Además, había un elemento ideológico, ya que había grupos en el gobierno a favor de una expropiación de la banca comercial, que consideraban dicha apropiación como una medida necesaria para sustentar la economía del país.

Las consecuencias se resumen en tres puntos clave: a) el gobierno utilizó los bancos para financiar el déficit público; b) cambió la estructura de propiedad y control corporativo en el sector bancario, lo que influyó en el comportamiento y desempeño de esta industria; c) las relaciones entre el Estado y el sector privado mexicano cambiaron drásticamente, generando efectos directos en el escenario político.

En 1990, el presidente mexicano Carlos Salinas reprivatizó los bancos. Sin embargo, este proceso se implementó a través de un marco institucional débil que implicó fuertes irregularidades en el proceso; estos llegaron al dominio público durante la crisis bancaria de 1995. En el proceso, algunos de los estatutos bancarios se otorgaron a empresarios que administraron mal los bancos y llevaron a sus instituciones a la bancarrota. Los bancos recientemente privatizados también tenían estructuras débiles para evaluar los riesgos crediticios, una herencia de su condición anterior como entidades financieras gubernamentales. La deficiente conducción de muchos bancos mexicanos y la falta de una regulación prudencial adecuada agravaron la situación financiera del sistema bancario en el momento en que estalló la crisis del peso de 1994. Luego de la crisis, el sector bancario mexicano tuvo que abrir sus puertas a las inyecciones de capital de los intermediarios financieros globales. Como consecuencia, los bancos mexicanos de hoy son propiedad de conglomerados financieros internacionales.

Conceptualmente, la nacionalización bancaria fue una expresión de la capacidad del Estado para alterar los derechos de propiedad privada. Los bancos mexicanos siempre estuvieron expuestos al riesgo de expropiación a lo largo del siglo XX (Haber, 2005). Sin embargo, hubo varios factores, inherentes a la relación entre el sector bancario y el gobierno que inhibieron una expropiación o redujeron el riesgo de expropiación antes de 1982 (Del Angel, Bazdresch y Suárez, 2005).

Otras experiencias latinoamericanas que antecedieron al caso mexicano incluyen a Costa Rica, donde en junio de 1948 se nacionalizaron los cuatro bancos más importantes de este país. En julio de 1979, el gobierno de Nicaragua nacionalizó todo el sistema bancario. En mayo de 1980, el gobierno de El Salvador nacionalizó todo el sistema bancario.

Posteriormente al caso mexicano, en Perú, el presidente Alan García anunció la nacionalización de los bancos comerciales privados en 1987. Las razones de tal expropiación en Perú son similares a las de México. Sin embargo, García no contaba con un mecanismo de dirección gubernamental autoritario eficaz como en México. La acción no pudo llevarse a cabo debido a la fuerte oposición civil, incluidos los medios de comunicación. Uno de los líderes de la campaña contra la nacionalización fue Mario Vargas Llosa, quien luego de este evento comenzó a participar de lleno en la política peruana.