Machado y morales, gerardo (1871–1939)

Gerardo Machado y Morales (b. 28 de septiembre de 1871; d. 29 de marzo de 1939), presidente y dictador de Cuba (1925-1933). Hombre de origen humilde, Machado se unió a los rebeldes durante la segunda guerra de independencia de Cuba (1895-1898), alcanzando el rango de general de brigada. Cuando volvió la paz, se convirtió en un destacado político y empresario. En asociación con capitalistas estadounidenses, invirtió en servicios públicos. Se había hecho rico a principios de la década de 1920, cuando logró hacerse con el control del Partido Liberal y, con una plataforma de "regeneración" nacional, fue elegido presidente en 1924 en unas elecciones relativamente justas.

Aunque los historiadores suelen condenar a Machado por convertirse eventualmente en dictador, en su primer mandato presidencial no solo pareció estar genuinamente preocupado por "regenerar" la nación, sino que también se embarcó en un impresionante programa de obras públicas que incluyó la finalización de una carretera central muy necesaria y la construcción de un edificio del capitolio nacional. Además, hizo un serio intento por regular la producción de azúcar y se convirtió en el primer presidente en promover la soberanía cubana frente a Estados Unidos. Su paso más importante en esta dirección fue un proyecto de ley de reforma arancelaria que patrocinó en 1927 y que brindó protección a las industrias cubanas emergentes.

Sin embargo, traicionando sus promesas electorales, Machado contrató varios préstamos con bancos estadounidenses para financiar su programa de obras públicas. También mostró disposición a recurrir a la fuerza para resolver problemas, por lo que trabajadores en huelga, estudiantes inquietos y otros disidentes en ocasiones sufrieron por sus acciones. En general, sin embargo, en 1928-1929 todavía era popular y tenía control sobre la situación política.

Irónicamente, este control resultó ser la ruina de Machado, pues a través de sobornos y amenazas puso bajo su influencia a todos los partidos de oposición y subordinó al Congreso y al Poder Judicial a su voluntad. En consecuencia, pudo impulsar un cambio en la constitución que le permitió reelegirse prácticamente sin oposición para un nuevo mandato de seis años. En el momento de su segunda investidura, el 20 de mayo de 1929, todavía era aclamado como el salvador de la patria. Pero después de eso aumentó considerablemente el número de personas forzadas a la oposición activa, y cuando poco después las ondas de choque de la depresión mundial llegaron a Cuba, el movimiento anti-Machado asumió las características de un levantamiento revolucionario.

En 1930 hubo varias manifestaciones antigubernamentales, la más grave de las cuales culminó con el cierre de todas las escuelas del país. Al año siguiente, los líderes que sobrevivieron a las guerras de independencia protagonizaron un levantamiento militar a gran escala en el campo. Machado logró aplastar estas revueltas porque pudo contar con el ejército, que había transformado en supervisor del gobierno civil. Pero ni siquiera todos los recursos del ejército pudieron evitar que la lucha revolucionaria degenerara en una lucha feroz (como lo hizo a partir de 1932) entre las fuerzas brutalmente represivas del gobierno y grupos de oposición clandestinos como el llamado movimiento ABC y la Dirección de Estudiantes. , que estaban empeñados en derrocar al régimen mediante el sabotaje y el terrorismo.

Cuando Franklin D. Roosevelt se convirtió en presidente de los Estados Unidos en 1933, la estabilidad política se consideró esencial para el desarrollo exitoso de la política cubana del New Deal. Así, Sumner Welles fue enviado como embajador a La Habana con el propósito de encontrar una solución pacífica al embrollo cubano. Al principio trató de mediar entre el gobierno de Machado y su oposición, pero a medida que avanzaban las negociaciones, comenzó a presionar a Machado para que hiciera concesiones a sus enemigos. Jugando por el tiempo, Machado aceptó algunas de las condiciones, pero pronto trazó la línea y se negó a ceder a más presiones, asumiendo paradójicamente la misma postura nacionalista que los grupos radicales de oposición como el Directorio Estudiantil, que anteriormente habían rechazado los buenos oficios de Welles. Así, el intento de mediación terminó en un callejón sin salida que sólo se resolvió cuando una huelga general paralizó la nación. Machado luego ofreció a los líderes sindicales comunistas de disposición favorable reconocimiento legal y apoyo oficial si usaban su influencia para poner fin a la huelga. Sin embargo, esta maniobra fracasó y el 12 de agosto de 1933 las fuerzas armadas de Cuba, temiendo la intervención armada de Estados Unidos, actuaron contra el presidente.

Así, el desafiante Machado, que incluso en el último minuto buscó despertar a la población para defender a Cuba de un aterrizaje de Estados Unidos, finalmente se vio obligado a tomar un avión rumbo a Nassau en las Bahamas. Finalmente se instaló en Estados Unidos, donde murió, seis años después, en Miami Beach. Desde entonces, los gobiernos cubanos se han negado a autorizar el traslado de sus restos a su tierra natal.