Lunfardo

La palabra del dialecto italiano el lunfardo, es decir, un criminal, comenzó como Lombard, luego se convirtió lumbardo, y finalmente el lunfardo. Se aplicó a toda la jerga criminal, que —junto con la jerga de los burdeles y la avalancha de inmigrantes a fines del siglo XIX— dio un gran impulso al argot argentino, hasta el punto de que la frontera entre el lunfardismo y el argentinismo es a veces vaga. Este léxico perdió o asimiló términos con el tiempo mientras que algunas palabras cambiaron de significado: Ortiva Primero fue sinónimo de informante pero llegó a significar amargado.

La manifiesta fuerza expresiva del lunfardo se extendió por toda la sociedad y se expresó en formas artísticas y periodísticas (por ejemplo, costumbrista poemas y artículos en la revista Caras y Caretas y en los periodicos última Hora y Crítica, hasta la década de 1930). También fortaleció el repertorio de cantantes folclóricos, incluyendo las letras para la música de tango y la género chico criollo, o juegos de luces breves. También se encontró en algunas novelas naturalistas. Con Versos rantifusos (1916) by Yacaré (Francisco Fernández) and La crencha engrasada (1926) de Carlos de la Púa (Carlos Muñoz del Solar), Lunfardo alcanza alturas poéticas. Roberto Arlt lo incorporó a sus novelas (empezando por El juguete rabioso, 1926) y su Aguafuertes porteñas, en el diario, El Mundo, entre 1928 y 1933. En la década de los sesenta, Ernesto Sábato, Julio Cortázar y numerosos escritores, poetas y dramaturgos lo abrazaron. Pero fueron especialmente los programas de comedia de radio y televisión los que renovaron este legado y lo difundieron hasta finales del siglo XX, aunque en las últimas décadas del siglo los jóvenes y la música que cantan, desde el rock "nacional" hasta el cumbia villera—Han sido los principales defensores del Lunfardo. Hay muchos diccionarios del vocabulario de Lunfardo. Las recopilaciones iniciales de Leopoldo Lugones, Luis Maria Drago, Antonio Dellepiane, Luis Villamayor y otros fueron sistematizadas posteriormente por José Gobello en Lunfardía (1953), Oscar Conde en Diccionario etimológico del lunfardo (1998), y otros.