Lequier, (joseph louis) jules (1814-1862)

(Joseph Louis) Jules Lequier, o Léquyer, el filósofo francés, nació en Quintin en Bretaña. Fue educado allí y en París en el colegio de San Estanislao y la École Polytechnique. Un católico romano intensamente religioso aunque extremadamente heterodoxo, Lequier devoró las literaturas de la filosofía y la teología, y aunque ninguno de sus propios trabajos se publicó durante su vida, escribió voluminosamente y también tradujo la autobiografía de Sir Humphry Davy. Jean Wahl ha hecho interesantes comparaciones entre ciertos aspectos del pensamiento de Lequier y Søren Kierkegaard, aunque ninguno de ellos podría haber influido en el otro. Sin embargo, Lequier influyó directamente en Charles Renouvier, quien siempre lo consideró su "maestro en filosofía", ya través de Renouvier atrajo la atención de William James. Renouvier publicó más tarde el libro de Lequier, La búsqueda de una primera verdad (París, 1865).

La filosofía de Lequier apuntó a la totalidad sistemática, pero nunca la logró; sus tesis esenciales, sin embargo, pueden reformularse en cuatro doctrinas interrelacionadas. Primero, la duda metodológica cartesiana debe ser genuina, no fingida y, a menos que se emplee de buena fe, es probable que uno se equivoque al dudar de la evidencia real, al igual que, sin duda metodológica, es probable que se equivoque al permitir una creencia injustificada. En consecuencia, la duda no tiene un estatus privilegiado sobre la creencia. La capacidad para alcanzar tanto la verdad como la falsedad debe ser la base de la búsqueda de la verdad, y la libertad es, por tanto, una condición de la posibilidad de conocer la verdad y de estar equivocado.

En segundo lugar, la libertad es un "doble dilema". O la necesidad causal o la libertad es una verdad fundamental, y cada doctrina debe afirmarse necesaria o libremente. Si la necesidad es la verdadera doctrina, mi afirmación es eo ipso necesario, pero dado que ni la duda ni la creencia en relación con la evidencia funcionarían en esa determinación, la duda resulta. Si la necesidad es verdadera pero afirmo la libertad, entonces además de mi inconsistencia (porque mi afirmación se hace necesariamente), sólo hay una base subjetiva para el conocimiento y la moralidad. Dada la verdad del determinismo, son necesarios tanto juicios erróneos como verdaderos, y cualquier supuesta distinción entre ellos es ilusoria. Según la hipótesis de la libertad, si afirmo libremente la necesidad global soy fundamentalmente inconsistente. Finalmente, si afirmo la libertad bajo la misma hipótesis, mi afirmación no solo es consistente con la hipótesis sino que tengo un fundamento para el conocimiento y la moralidad. Bajo el doble dilema, la única alternativa satisfactoria es afirmar libremente la libertad: la "primera verdad" de Lequier. La libertad es esencialmente el poder de agregar una nueva realidad al mundo existente. La causalidad debe explicarse a través de la libertad y no al revés.

En tercer lugar, los datos que están presentes en un evento de conciencia dado surgen del pasado en relación con ese evento; son realidades pasadas pero potencialidades presentes para el carácter interno de ese evento de conciencia a partir del cual se toma una decisión determinante. La conciencia humana es una sucesión de eventos auto-creativos, cada uno de los cuales recibe su yo antepasado, así como otros datos, y cada uno de los cuales es parcialmente causa sui, una "independencia dependiente". Así, la totalidad de las condiciones causales de cualquier experiencia humana no hace que esta experiencia sea necesaria, sino sólo posible, mientras que la decisión interna la hace contingentemente actual. Toda toma de decisiones contiene algún elemento arbitrario.

Cuarto, al extender estas doctrinas a la teología, y tomar como axiomático el concepto de que la libertad, la responsabilidad y los valores morales y religiosos dependen de las decisiones de elección, Lequier sostiene que un Dios omnisciente no necesita conocer contingentes futuros, ya que, en relación con cualquier experiencia, todavía no existen. Ser cognoscible es estar determinado, y si todo fuera conocido "desde la eternidad", entonces todo estaría eternamente determinado, y el tiempo y la toma de decisiones serían ilusiones. Además, dado que los contingentes son inequívocamente en parte causa sui, no dependen totalmente del poder divino. Lequier, lejos de ver el poder divino como un control total absoluto, Lequier insiste en que el único poder digno de Dios es el mucho mayor de crear auto-creadores. La elección real en el mundo es incompatible con la necesidad que todo lo abarca, y no es un requisito metafísico ni deseable religiosamente que Dios sea totalmente inmutable y eterno. Dios debe tener un aspecto temporal para llegar a conocer los contingentes a medida que se realizan; así, permanece siempre omnisciente en saber todo lo que hay que saber. La teología de Lequier es, pues, la de un ser eterno-temporal, siendo su omnisciencia y omnipotencia relativas a la contingencia irreductible y la auto-creatividad en el mundo.

La filosofía de Lequier tiene varias semejanzas sorprendentes con los temas de Samuel Alexander, Henri Bergson, Nikolai Berdyaev, Émile Boutroux, William James, Kierkegaard, CS Peirce y AN Whitehead.

Véase también Alejandro, Samuel; Berdyaev, Nikolai Aleksandrovich; Bergson, Henri; Boutroux, Émile; Cartesianismo; Conciencia; Libertad; James, William; ren; Peirce, Charles Sanders; Renouvier, Charles Bernard; Whitehead, Alfred North.

Bibliografía

Para obras de Lequier, consulte Trabajos completos, editado por Jean Grenier (Neuchâtel: Baconnière, 1952).

La literatura sobre Lequier incluye Émile Callot, Comentarios sobre Jules Lequier (París: Rivière, 1962); Jean Grenier, La filosofía de Jules Lequier (París: Editorial "Les Belles Lettres", 1936); Charles Hartshorne y William L. Reese, eds. Los filósofos hablan de Dios (Chicago: University of Chicago Press, 1953), el único material de Lequier ahora disponible en inglés; Adolphe Lazareff, Vida y conocimiento (París: Vrin, 1948); Xavier Tilliette, Jules Lequier o el tormento de la libertad (París, 1964); y Jean Wahl, Jules Lequier (París, 1948), que contiene una introducción y selecciones.

Harvey H. Brimmer II (1967)