Korn, alejandro (1860-1936)

Alejandro Korn, metafísico y filósofo ético argentino, nació en San Vicente. Se doctoró en medicina y dirigió un hospital para enfermos mentales. En 1906 ingresó en la facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Aunque escribió poco, tuvo una inmensa influencia personal en la filosofía argentina. Su escritura filosófica llegó tarde en su vida: La libertad creadora (La Plata, 1930), su obra principal, es una recopilación de cinco ensayos que datan de 1918 a 1930.

A Korn a veces se le llama positivista, una etiqueta sugerida por su formación científica, su empirismo, la nota escéptica en su metafísica y su relativismo ético. Sin embargo, su "Incipit Vita Nova" (1918) sentó las bases para su propia crítica del positivismo. En este ensayo, sostuvo que a pesar del progreso científico y tecnológico de las décadas precedentes, el hombre contemporáneo está insatisfecho y desilusionado. La causa es el deterioro de la ética por la difusión de la doctrina positivista de que el hombre es una máquina sin libertad; el remedio es una filosofía libertaria que subordina la ciencia a la ética. Las fuentes de Korn no fueron Auguste Comte o Herbert Spencer, sino Henri Bergson, Arthur Schopenhauer e Immanuel Kant.

La metodología de Korn se basa en una intuición experiencial cuyos objetos son detalles concretos de la experiencia ordinaria. Esta intuición común no es pasiva y su contenido no es simple. La razón proporciona conceptos que son meramente formales y simbólicos pero que penetran en la intuición; este último siempre tiene elementos discursivos. También hay una intuición o visión más íntima, que tiene formas intelectuales, místicas y estéticas correspondientes a la metafísica, la religión y el arte. La intuición como visión sugiere convicciones profundas y tiene un lugar importante en la vida espiritual del hombre, pero no conlleva ninguna seguridad de verdad. Para la certeza comparativa debemos recurrir a las dos disciplinas de la intuición ordinaria: la ciencia, que tiene un objeto medible en el mundo externo de los hechos, y la axiología, que tiene un objeto inconmensurable en el mundo interno de la evaluación. La tercera gran empresa intelectual, la metafísica, intenta describir la realidad a través de conceptos que trascienden toda experiencia posible. Los sistemas metafísicos son poemas dialécticos. No podemos vivir sin metafísica, pero no podemos convertirla en ciencia; debe contener convicciones sinceras, libres de dogmatismo.

El mundo externo de la ciencia, del no-yo, conocido a través de las sensaciones, es espacial, mensurable y se rige por una estricta ley causal. El mundo interno de la axiología, del yo, constituido por emociones, voliciones y juicios, es no espacial, inconmensurable, intencional y libre. Estas son las dos mitades de un dominio de conciencia que abarca todo lo que sabemos y, al parecer, todo lo que es real. En común a ambas mitades de la conciencia hay tres caracteres más: actividad o devenir perpetuo, que muestra que las cosas estables y los nombres rígidos son falsos; relatividad, que expresa el hecho de que todo acto particular tiene su razón en otro; y tiempo. Lo más significativo para distinguir el orden subjetivo del objetivo es la libertad: libertad económica, o dominio del mundo externo, y libertad ética, o dominio de uno mismo.

La búsqueda de una realidad última más allá de la conciencia llevó a Korn a negar el realismo monista, el realismo dualista y el solipsismo, y a afirmar una especie de idealismo absoluto. Las cosas, el espacio y el tiempo experimentados dependen de la conciencia, evidentemente porque implican la organización de conceptos o formas. Se niega una cosa que está más allá de la conciencia e implicada como causa de la cosa experimentada: la causalidad es una criatura de nuestro pensamiento. El objeto conocido depende así de la conciencia y tiene su ser allí. Pero eso no implica la dependencia de los objetos de mi yo. El yo, o el orden subjetivo, es solo una parte de la conciencia; no es la fuente del mundo conocido. La definición más amplia de este idealismo es a través de la teoría del acción consciente : la conciencia como proceso eterno, dinámico y creativo, desconocido en sí mismo pero manifestado como aspiración a la libertad absoluta.

Este objetivo ontológico es la clave de la teoría de los valores de Korn. Un valor es el objeto creado de una valoración afirmativa, y la valoración es la reacción de la voluntad humana a un evento. Por tanto, los valores son subjetivos. Hay valores instintivos, eróticos, vitales, económicos, sociales, religiosos, éticos, lógicos y estéticos, ninguno de los cuales puede reducirse a otro. Los valores logran la unidad a través de su fuente común en la personalidad humana y mediante su objetivo común en la libertad del hombre. La libertad creativa es el motivo recurrente de la filosofía de Korn.

Véase también Bergson, Henri; Comte, Auguste; Idealismo; Intuición; Kant, Emmanuel; Filosofía latinoamericana; Metafísica; Positivismo; Schopenhauer, Arthur.

Bibliografía

Obras, 3 vols. La Plata: Tomás Palumbo, 1933–1940.

"Influencias filosóficas en la evolución nacional." Revista de la universidad de Buenos Aires (1912). Reimpreso en ObrasVol. XNUMX.

Apuntes filosóficos. Buenos Aires, 1935.

Arthur Berndtson (1967)