Ibarbourou, Juana de (1892-1979)

Juana de Ibarbourou (Juana Fernández Morales; b. 8 marzo 1892; d. 1979), poeta y narrador uruguayo. Nacida en Melo, se educó en un convento y luego en el sistema escolar público. En 1914 se casó con el capitán Lucas Ibarbourou, con quien tuvo un hijo. En 1918 se trasladan a Montevideo, donde comienza a publicar sus poemas en la sección literaria de La Razón. Sus poemas fueron tan bien recibidos que la prestigiosa revista argentina Caras y Caretas le dedicó un número. Las lenguas de diamante Fue publicado en 1919 por el escritor argentino Manuel Gálvez, entonces director de Editorial Buenos Aires.

Su poesía se concibió primero dentro de la estética modernista, pero con un lenguaje menos ornamental. Raíz salvaje (Wild Root, 1922) y El cántaro fresco (Fresh Pitcher, 1920) ofrecen un tono más íntimo, con temas de amor, vida y el placer sensual de estar vivo. En 1929 el público uruguayo le otorgó oficialmente el título de "Juana de América" ​​en un acto presidido por Juan Zorrilla De San Martín, José Santos Chocano y Alfonso Reyes y al que asistieron delegaciones de veinte países hispanoamericanos.

In La rosa de los vientos (Compass, 1930) Ibarbourou experimenta con el lenguaje de los primeros escritores de vanguardia. En 1934, dos años después de la muerte de su padre, publicó un volumen de prosa lírica con temas religiosos, Loores de Nuestra Señora (Alabanza a Nuestra Señora), y otro volumen de obras con inquietudes similares, Estampas de la biblia (Escenas de la Biblia). Continuó siendo aclamada en todo el continente. En 1944 publicó Chico Carlo, un libro de "memorias" de su infancia, y en 1945 escribió una obra de teatro para niños (Los sueños de Natacha). En 1947, Ibarbourou se convirtió en miembro de la Academia Uruguaya de Letras. Perdida, cuyo título proviene del nombre elegido por D'Annunzio para la bailarina Eleonore Duse, apareció en 1950. En este libro, renovó su interés aparentemente disminuido por la poesía, y desde entonces no dejó de escribir.

Cuando murió su madre, Ibarbourou enfermó y se deprimió, una condición que duró algunos años y fue un tema reflejado en su poesía. Al mismo tiempo, como ha señalado Angel Rama, también continuó insistiendo en la imaginería congelada, permitiendo que la voz poética retenga el pasado en una construcción idealizada, como se muestra en Azor (1953) Romances del destino (1955) Oro y tormenta (Gold and Storm, 1956), y Elegía (1967).

En 1957 se organizó una sesión plenaria de la UNESCO en Montevideo para honrar a Ibarbourou. Asistiendo como representante de la poesía de Uruguay y de América, presentó su Autobiografía lírica, un recuerdo de unos treinta y cinco años como poeta. Su Obras completas fueron publicados por primera vez en España en 1953 por Editorial Aguilar. Sus otras obras son La pasajera (El pasajero, 1967) y Juan Soldado (Johnny Soldier, 1971).

Ibarbourou, que había disfrutado de la fama y una vida cómoda, experimentó dificultades considerables en sus últimos años. Murió en Montevideo, pobre y mayoritariamente olvidada por el mismo público que la aclamaba.