Huerta, victoriano (1854–1916)

Victoriano Huerta fue un general mexicano que llegó a la presidencia de la República tras encabezar el golpe de Estado que derrocó a Francisco Madero en febrero de 1913. Renunció el 15 de julio de 1914, tras el auge revolucionario que lo obligó a dimitir y exiliarse.

José Victoriano Huerta Márquez nació el 23 de marzo de 1854 en Colotlán, Jalisco, y tuvo una brillante carrera en la academia militar. Se distinguió por sus habilidades militares y su fuerza de carácter. Ganó prestigio al sofocar con éxito las rebeliones lideradas por Canuto Neri en Guerrero en 1893, y por los indios mayas de Yucatán y Quintana Roo en 1901-1902. Estas campañas le trajeron reconocimiento y promociones. En 1905 era un estrecho colaborador de Bernardo Reyes, el oficial más prestigioso y poderoso del ejército de Porfirio Díaz, y se convirtió en uno de sus más acérrimos partidarios. Cuando Reyes cayó en desgracia, Huerta siguió sirviendo en el ejército pero con un perfil mucho más bajo.

La conocida asociación de Huerta con Reyes, su habilidad militar y su prestigio dentro del ejército lo colocaron en una relación ambivalente con Francisco Madero una vez que éste asumió el poder. Madero desconfiaba de él, pero al mismo tiempo lo necesitaba, tanto para acercarse a los partidarios de Reyes como para ganarse el apoyo de las fuerzas armadas. Por lo tanto, le ordenó que encabezara campañas contra las tres rebeliones más importantes contra Madero: una dirigida por Pascual Orozco en el norte, en la que Huerta obtuvo una distinguida victoria; uno dirigido por Emiliano Zapata en Morelos, a quien no pudo vencer; y finalmente, la rebelión que le costó la vida a Madero, encabezada por Bernardo Reyes y Félix Díaz en la Ciudad de México.

Con esta rebelión, Huerta atendió las presiones del ejército y de las élites económicas, religiosas y políticas de la nación, quienes habían decidido acabar con la inestabilidad política generada por el gobierno de Madero y derrocarlo. Huerta encabezó la traición y maniobró hábilmente para deshacerse de Félix Díaz y convertirse en presidente, utilizando una estratagema legal que culminó con la renuncia y asesinato de Madero y el vicepresidente Pino Suárez: según la legislación mexicana en ausencia del presidente, el ministro de Relaciones Exteriores ocuparía el cargo; Huerta obligó al Congreso a nombrarlo, por lo que cuando Madero renunció y su suplente Pedro Lascurain renunció el mismo día que asumió la presidencia, Huerta se convirtió en presidente legalmente.

Los métodos legales pero ilegítimos que utilizó Huerta para ganar el poder, junto con la indignación general por el asesinato del ex presidente y vicepresidente, le costaron el apoyo popular. El gobierno pronto quedó aislado y tuvo que recurrir a la represión para mantenerse en el poder frente a los crecientes movimientos de oposición liderados por la facción constitucionalista y Emiliano Zapata y Pancho Villa. Huerta disolvió el congreso y ejerció poderes dictatoriales aún insuficientes para contener la revolución, que derrotó y arrinconó al ejército federal. Huerta se vio obligado a dimitir y abandonar el país en julio de 1914. El comportamiento de Huerta desencadenó la culminación del proceso revolucionario que Madero había dejado inconcluso. La revolución se hizo más radical en esos años, y terminó con la eliminación del ejército federal y la disolución del régimen creado por Porfirio Díaz, de quien Huerta fue el último representante.

En marzo de 1915 Huerta ingresó a Estados Unidos, donde se involucró en actividades contrarrevolucionarias. Las autoridades estadounidenses lo arrestaron y lo encarcelaron en Fort Bliss. Debido a su enfermedad, fue puesto en libertad durante dos semanas en noviembre de 1915, pero regresó a la cárcel a mediados de diciembre. Murió en su casa de cirrosis el 13 de enero de 1916, en El Paso, Texas.