Gómez y báez, máximo (1836–1905)

Máximo Gómez y Báez (b. 18 November 1836; d. 17 de junio de 1905), importante líder militar en las guerras por la independencia de Cuba (1868–1878, 1895–1898). Nacido en Baní, Santo Domingo, en una familia de clase media, asistió a una escuela primaria local y a un seminario religioso. Inició su carrera militar a los dieciséis años, en la guerra contra los haitianos y más tarde se desempeñó como teniente en el ejército dominicano. Después de que la guerra civil de 1866 en Santo Domingo resultó en la pérdida de todas sus propiedades, Gómez huyó a Cuba. Instalado en Bayamó, se convirtió en un ferviente defensor de la independencia. Cuando El Grito de Yara (El grito de Yara) de Carlos Manuel de Céspedes inauguró la Guerra de los Diez Años (1868-1878), se unió a Céspedes, demostrando rápidamente que era un valioso estratega y líder militar. Con su ascenso al rango de general, inició una estrecha asociación con los líderes rebeldes Antonio Maceo y Calixto García.

Gómez y Maceo llegaron a creer que el éxito en la guerra era poco probable sin una expansión a las prósperas provincias occidentales. Abogaron por la interrupción masiva de la producción de azúcar y la liberación de los esclavos, con la esperanza de que el daño a la base económica de Cuba traería una rápida victoria rebelde. Los líderes civiles de la revolución se opusieron al plan, pero en 1872 el miedo a la derrota les hizo aceptar una versión modificada del mismo. Gómez y Maceo marcharon hacia el oeste, quemando plantaciones de azúcar y liberando esclavos. Después de varios meses, muchas bajas y pocas provisiones hicieron necesario su regreso, pero los cambios en el clima político hicieron imposible la reanudación de la campaña. Desilusionado y frustrado por la falta de avances, Gómez presionó por una tregua con los españoles. En 1878 el Pacto de Zanjón puso fin a la Guerra de los Diez Años y los líderes rebeldes que no estaban dispuestos a aceptar la tregua se exiliaron.

Durante sus años de exilio, Gómez se unió a Maceo y al poeta José Martí e inició los preparativos para una segunda revolución contra España. Gómez y Martí tuvieron frecuentes disputas sobre estrategia, lo que resultó en una breve ruptura en 1884; sin embargo, en 1893 se habían dejado de lado sus diferencias y Martí nombró a Gómez comandante militar del Partido Revolucionario Cubano. El 25 de marzo de 1895, él y Maceo publicaron el Manifiesto de Monte Christi, renovando la Revolución Cubana.

Cuando Martí murió en una escaramuza el 19 de mayo de 1895, Gómez asumió el manto de liderazgo, convirtiéndose en el comandante en jefe del movimiento. Bajo su liderazgo, la guerra se extendió inmediatamente a las provincias occidentales. Dictó una moratoria sobre la producción de azúcar, prometiendo muerte y destrucción de propiedad a cualquiera que violara su decreto. Aunque estas tácticas pusieron en grave peligro el futuro económico de Cuba, resultaron eficaces en la guerra. En 1897, los rebeldes se habían trasladado a Matanzas y La Habana.

Un año después, una contraofensiva española dejó a los rebeldes luchando por mantener sus posiciones, pero la entrada de Estados Unidos en la guerra (1898) puso fin a la resistencia española. Después de una ocupación de cuatro años, durante los cuales los líderes rebeldes fueron ignorados por completo, Estados Unidos se retiró. En el momento de la constitución de la República de Cuba (20 de mayo de 1902), se instó a Gómez a presentarse a la presidencia, pero éste declinó hacerlo, diciendo: "Hombres de guerra por guerra y de paz por paz".