Conquista del desierto

La llamada conquista del desierto (Conquista del desierto) se llevó a cabo en 1879 en Argentina bajo el mando militar de Julio Argentino Roca (1843-1914), entonces ministro de Guerra. Organizó una ofensiva militar para acabar con el problema que le plantean los pueblos originarios que le impedían hacerse con el control total de los territorios al sur del río Colorado (Río Colorado). El objetivo de la campaña militar era, en palabras de Roca, expulsar, subyugar o aniquilar a los indígenas. Al hacer esto, esperaba completar la tarea no solo de ocupar esos territorios, sino también de ponerlos bajo el control del gobierno nacional, una tarea iniciada en épocas anteriores por ganaderos, comerciantes y jefes indios.

La ocupación de este territorio se consideró importante por varias razones. Estos incluyeron la necesidad de limitar el control indígena de los intercambios económicos en la región, limitar el papel de sus jefes como intermediarios políticos y asegurar las fronteras de los territorios patagónicos.

Para llevar a cabo la campaña militar, el Congreso Nacional aprobó una ley que proporcionó los recursos necesarios. En 1878 las tropas ya habían atacado en sus tiendas a las fuerzas del jefe tribal Manuel Namuncurá, las tropas de Juan José Catriel se rindieron como prisioneros, y el jefe tribal conocido como Pincén fue emboscado y capturado con sus mejores hombres. En 1879 tropas al mando del general Roca, que también incluían algunos soldados indígenas, ocuparon Choele-Choel. Otras divisiones tomaron y retuvieron La Pampa y la confluencia de los ríos Lima y Neuquén. El avance de todas estas divisiones fue incontenible, y en poco tiempo lograron ocupar la región y diezmar a las comunidades indígenas. Se apoderaron de 225,000 millas cuadradas de tierra que podrían usarse para la ganadería y la agricultura, y construyeron aldeas y colonias a lo largo de las riberas de los ríos Colorado, Negro, Neuquén y Santa Cruz. También ampliaron y mejoraron las comunicaciones en las provincias del interior del país y gradualmente ampliaron la red de telégrafos militares, que luego pasó a manos de las autoridades civiles. Se crearon asentamientos indígenas para albergar a algunos supervivientes y otros se dispersaron por las aldeas rurales; las mujeres y los niños fueron asignados a familias ricas en Buenos Aires bajo la noción de que el trabajo los ayudaría a adaptarse a la "civilización".