Brasil, el imperio (primero)

El Primer Imperio (1822-1831) fue un período de consolidación de la independencia brasileña y de lucha entre la corona y las élites. La unificación territorial del imperio, el reconocimiento extranjero de su independencia y la promulgación de una constitución fueron los principales logros del período. La convergencia de las ideologías en conflicto del centralismo y el federalismo, la oposición al absolutismo monárquico y el poder centralizado, y el miedo a la reunificación con Portugal llevaron a un conflicto continuo entre la corona y la Asamblea General por el control del poder político, y finalmente paralizó al gobierno. Varias acciones reales enajenaron irrevocablemente a la Cámara de Diputados; entre ellos la disolución de la asamblea constituyente por Pedro I y su posterior otorgamiento de una constitución centralizadora, la divulgación de convenciones secretas en el tratado con Portugal, y el tratado anglobrasileño para poner fin a la trata de esclavos, que fue firmado y ratificado por el emperador sin conocimiento de la Asamblea General. La herencia de Pedro del trono portugués en 1827 alimentó las tendencias anti-portuguesas y volvió a despertar los temores de reunificación y la sospecha de que los intereses de Pedro estaban con Portugal.

A pesar del clima de confrontación del Primer Imperio, se establecieron una corte suprema de justicia, un servicio postal y un código penal. Durante este período se reprimieron varias insurrecciones separatistas con diversos grados de éxito. En 1824 la Confederación del Ecuador fue derrotada, pero la revuelta en la provincia de Cisplatine condujo a una guerra prolongada y finalmente a la creación de Uruguay. El progreso económico fue escaso: fracasaron las medidas para promover la inmigración, las exportaciones de café se triplicaron pero los precios de otras exportaciones cayeron debido a la competencia internacional, la inflación fue alta, la deuda pública y externa aumentó, el tipo de cambio bajó, la igualación de aranceles no permitió por aumentos de ingresos, y el Banco de Brasil fue liquidado. Las continuas crisis políticas e institucionales llevaron a la abdicación de Pedro I en 1831.