Boileau, nicolas (1636-1711)

Nicolas Boileau, también conocido como Boileau-Despréaux, ha sido elevado retrospectivamente al rango de figura emblemática del clasicismo francés. Ha sido descrito como el "legislador del Parnaso" (una referencia a que él es un árbitro del gusto), el campeón del racionalismo poético y un principal apologista de los antiguos en su disputa con los modernos. A principios del siglo XXI, los especialistas de la época consideran que la verdad sobre Boileau tiene más matices. Boileau fue ante todo un poeta comprometido con la vida literaria de su tiempo. Después de haber escrito su Sátiras, una enérgica denuncia de las fallas y errores comúnmente cometidos en el mundo literario de su época, intentó, en su Arte poético (1674), para determinar las reglas que deben regir la creación y recepción de arte en la mayoría de los géneros literarios.

Publicado durante el mismo año, su traducción de Longinus Peri hipso (En lo sublime, primer ciento) contribuyó a popularizar este trabajo en toda Europa. En 1677 se convirtió, junto con Jean Racine, en el historiógrafo de Luis XIV. Esto ralentizó notablemente su producción literaria. A partir de 1687, como defensor de los antiguos, fue el principal adversario de Charles Perrault en la primera de las dos disputas entre antiguos y modernos que dividieron el campo de la estética clásica en Francia. Sus nueve Reflexiones críticas sobre algunos pasajes del retórico Longin (Reflexiones críticas sobre varios pasajes del orador Longinus; 1694) son argumentos explícitos a favor de los defensores de los antiguos.

La posición de Boileau no fue simplemente el resultado de una actitud general nostálgica o conservadora, sino que se derivó de su concepción muy estricta de la literatura. Su objetivo es mirar las obras maestras de los antiguos para encontrar ejemplos de perfección que estimulen la creatividad y la imaginación de los contemporáneos, y modelos que proporcionen la distancia necesaria para evitar las trampas relativistas, sin mencionar la presunción, que amenazaban a los partidarios del modernismo. Según Boileau, el criterio por el cual se puede dar fe del mérito de las grandes obras de arte del pasado es que hayan pasado la prueba del tiempo. Lejos de ser un prejuicio ilegítimo, la imitación de los antiguos es la fuente de las verdaderas reglas del arte, que la razón puede utilizar como guía.

Dos aspectos del pensamiento de Boileau son de interés para el historiador de la estética filosófica. Primero, está su formulación de la doctrina clásica, de la cual Arte poético proporciona una síntesis. Lejos de mostrar la actitud meramente teórica de un árbitro, Boileau refleja el consenso estético obtenido durante las décadas de 1630 a 1670 sobre la base de un precario equilibrio entre razón y sentimiento, libertad y normas. En segundo lugar, está su aclaración del papel de lo sublime en la poesía. Al discutir lo sublime, Boileau trató de arrojar luz sobre las causas de la admiración legítima y duradera que tenemos por los autores de mérito, ya sean antiguos o modernos.

Arte poético, donde Boileau proporcionó una síntesis de la doctrina clásica, se basa explícitamente en la tradición heredada de Aristóteles y Horacio. Está dividido en cuatro cantos escritos en verso. El primer canto da a los autores consejos generales sobre poesía. El segundo canto trata de géneros menores: égloga, soneto, oda, sátira, elegía, epigrama, etcétera. El tercer canto aborda los principales géneros: tragedia, comedia y épica. El cuarto canto da reglas para la escritura, insistiendo en la función edificante de la poesía, en el desinterés del escritor y en la necesidad del escritor de rodearse de amigos cuyo sano juicio le ayude a superarse.

En el transcurso de los cuatro cantos, Boileau simplemente reafirmó, sin analizar nunca, todos los principios de la estética clásica. Si el genio, como don natural, es necesario para escribir poesía, solo el arte, el pulido de la obra bajo la guía de la razón y el juicio, puede conducir a la perfección. Así, aunque no es una fuente de inspiración, la luz de la razón debe acompañar la concepción de los pensamientos, su disposición y su expresión. En lo que respecta a la tragedia, Boileau reforzó la interpretación clásica de la teoría aristotélica sostenida por sus contemporáneos. Se decía que el arte trágico proporcionaba una imitación idealizadora de lo aterrador en el que el dolor se transforma en placer. El propósito de la tragedia es complacer y conmover al espectador produciendo un "terror placentero" y una "piedad deliciosa". Sin embargo, para producir tales efectos, se debe respetar la razón.

Así, Boileau defendía el respeto absoluto por las tres unidades de acción, tiempo y lugar, aunque Aristóteles se limitaba a la unidad de acción. Asimismo, la representación debe someterse al principio de verosimilitud, ya que lo históricamente verdadero pero no creíble no producirá ninguna emoción en el espectador. La verosimilitud también requiere que el escritor respete las reglas de la propiedad (decoro de Horacio), ya sea desde un punto de vista externo (acuerdo entre la acción representada y las expectativas y costumbres del público) o desde un punto de vista interno (coherencia interna entre personajes y lenguaje adscrito). a ellos).

Para Boileau, lo sublime constituye la perfección suprema del discurso poético. Vio una concepción no retórica de lo sublime en acción en el tratado de Longinus, una que hace posible la distinción entre lo realmente sublime (lo que "nos golpea en un discurso, nos eleva, arrebata y transporta" (En lo sublime, primer centavo) y lo sublime papa (el estilo elevado que la retórica tradicional pensó que mejor se adaptaba a la expresión de ideas nobles). Por tanto, lo sublime se puede encontrar en un solo pensamiento o en una frase, un excelente ejemplo es el mandato de Dios "Hágase la luz", en Génesis. Lo sublime concilia grandeza y concisión de acuerdo con las exigencias de sencillez y naturalidad impuestas por la estética del clasicismo.

En sus tres últimas reflexiones sobre Longinus, publicadas póstumamente en 1713, Boileau añadió que lo perfectamente sublime —aquello que tiene la propiedad de elevar el alma y hacernos participar de la grandeza que percibimos— une la grandeza del pensamiento con la nobleza de el sentimiento que impulsa a la persona que lo expresa, el esplendor de las palabras y la armonía de la expresión. Lo sublime es, paradójicamente, la cumbre de la estética de Boileau. Por un lado, la "pequeñez energética de las palabras" (Reflexiones X) manifiesta lo sublime en la densidad de sentido que busca el clasicismo. Por otro lado, favorecer lo sublime introduce tensión en un sistema de pensamiento regido por el ideal de razón y claridad. El papel significativo de lo sublime demuestra suficientemente que el clasicismo, lejos de ser un formalismo estéril, es en realidad una demanda constantemente renovada de equilibrio entre juicio e inspiración, lucidez y emoción, concisión y grandeza.

Véase también Estética, Historia de.

Bibliografía

Obras de boileau

Trabajos completos, editado por Antoine Adam y Françoise Escal. París: Gallimard, 1966.

Funciona en boileau

Beugnot, Bernard y Roger Zuber. Boileau: Old Faces, New Faces, 1665-1970. Montreal: Prensa de la Universidad de Montreal, 1973.

Brody, Jules. Boileau y Longinus. Ginebra: Droz, 1958.

Genetiot, Alain. Clasicismo. París: Prensa Universitaria de Francia, 2005.

Pocock, Gordon. Boileau y la naturaleza del neoclasicismo. Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press, 1980.

Madera, Theodore EB La palabra "sublime" y su contexto, 1650-1760. La Haya: Mouton, 1972.

Daniel Dumouchel (2005)