afrancesado

El término afrancesado ("el afrancesado") se aplicó a los españoles que colaboraron con el régimen de José Bonaparte durante la Guerra de Independencia (1808-1814). En 1808, Napoleón atrajo a Carlos IV y su hijo, Fernando VII, al exilio en Francia y colocó a su hermano, José, en el trono español. los afrancesados eran monárquicos constitucionales —aunque no estaban casados ​​con una dinastía en particular— que abogaban por reformas políticas y sociales moderadas. Algunos preferían la dominación francesa de España a la represión o el desmembramiento y consideraban al régimen de José como un mal menor. Otros esperaban que el sistema napoleónico y la ilustrada Constitución de Bayona (1808) generaran reformas desde arriba. Algunos historiadores han retratado afrancesados como conformistas descarriados y confundidos. Quizás el más conocido afrancesado en españa fue el costumbrista (folklore) Mariano José de Larra (1809–1837), quien influyó en destacadas figuras latinoamericanas como los argentinos Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi y el peruano Manuel González Prada.

Aunque algunos comentaristas ven la independencia de América Latina como una empresa local, otros ven el largo brazo de la Ilustración como el encendido de la chispa. Ciertamente, destacados latinoamericanos exiliados en Europa, como el revolucionario venezolano Francisco de Miranda, entraron en contacto con el pensamiento francés. El primero afrancesados en el Nuevo Mundo fueron quizás los lectores del filósofo de la Ilustración Jean-Jacques Rousseau Contrato social (1762), que circuló ampliamente en América del Sur después de ser traducido al español en 1810. Después de este impulso inicial, otros destacados pensadores, como Sarmiento y el poeta y novelista argentino José Mármol, se alinearon política, económica e intelectualmente con los franceses como una forma de combatir la dictadura de Juan Manuel de Rosas. Chateaubriand, fundador del romanticismo en la literatura francesa, se convirtió en modelo para destacados novelistas como la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda y el colombiano Jorge Isaacs, cuyo famoso protagonista en su novela María desea leer la novela de Chateaubriand Atala.

Después de mediados de siglo, la doctrina del positivismo elaborada por el filósofo francés Auguste Comte hizo incursiones en varios países y especialmente en Argentina, Perú y Brasil. En Perú fue acogido, en algunos casos de manera tentativa, por la novelista Mercedes Cabello de Carbonera, quien escribió un tratado sobre la filosofía de Comte y cuya novela Blanca Sol censura la exorbitante influencia francesa en criolla sociedad, y por el poeta-ensayista Manuel González Prada, quien finalmente la abandonó en favor del anarquismo francés. En Brasil, las ideas de Comte se convirtieron en la base de la constitución de 1891, y la frase positivista "orden y progreso" se convirtió en una característica permanente de la bandera brasileña. En Perú, las ideas francesas sirvieron para renovar el sistema educativo.